¡Qué clase de galleta!

¡Galleta! ¡Galleta! Repetían los portavoces del gobierno de Puerto Rico.

Con una atropellada reforma educativa, con despidos de maestros, cierre y ventas de escuelas a precio de “pescao abombao” destrozaban la ya dañada credibilidad del gobierno. El equipo de Ricardo Rosselló buscaba como desviar la atención y llegó la palabra galleta al rescate. Una líder magisterial la había escrito en su Facebook personal.

Eva Ayala publicó en su cuenta social, que deseaba darle una galleta a Julia Keleher. Esto por la frustración de ver cientos de escuelas cerradas, con sus estudiantes padres y maestros a la suerte. El equipo de Rosselló vio la señal, era momento de ejecutar el plan de victimización. Rápidamente activan al equipo gubernamental, y comienzan con los ataques contra la educadora para esconder, detrás de la cortina de humo, la destrucción del sistema educativo puertorriqueño, y pasadas medidas impopulares.

Claramente vemos estrategias de comunicación política, que podríamos hasta encontrarlas en los once principios de propaganda de Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania Nazi. Una de estas estrategias implementadas en la dictadura de Hitler, que vemos hoy en Puerto Rico, es el Principio de la transposición. Este principio consiste en cargar sobre el adversario los errores y defectos pertenecientes, buscando distraer la atención con noticias falsas o exageradas. Para decirlo en puertorriqueño, el gobierno estira el chicle con un tema exagerado o con una noticia falsa sobre el adversario para desviar la atención de sus propias malas noticias.

Sin embargo, el pueblo está despierto y recuerda claramente las galletas que este gobierno le ha dado con el sueldo de la propia secretaria de educación Julia Keleher quien cobra $250 mil dólares al año. Vive golpe a golpe el desmantelamiento de las comunidades educativas desde grados primarios hasta universitarios. La gente vive cada día el golpe a puño cerrado de una reforma laboral que quitó beneficios, protecciones, días libres, y dejó desprotegido al trabajador puertorriqueño. Hoy la gente sufre el desempleo a grandes escalas y los abusos por parte de patronos que promovieron la reforma. También, los ciudadanos vivieron la malograda reforma laboral 2.0, que eliminaba por completo el bono navideño y protecciones, que fue derrotada gracias a la presión pública y al activismo ciudadano.

Los boricuas sienten hoy el golpe del sueldo de $248,500 del secretario de seguridad pública, Héctor Pesquera, y de Walter M. Higgins III por $450,000 en la Autoridad de Energía Eléctrica. Las familias viven todavía, a siete meses del paso del hucarán María, el desespero del golpe de no tener energía eléctrica, después de medidas erráticas y tardías que activaron tarde el llamado de ayuda con brigadas extranjeras, para beneficiar a una compañía con solo dos empleados llamada Whitefish.

Vivimos la violencia de un gobierno que esconde los golpes detrás de estribillos publicitarios, como un maltratante esconde los golpes de su victima con maquillaje. Somos nosotros los puertorriqueños los que recibimos día a día galletas que marcan nuestra dignidad como país. Nuevamente vemos como el maltratante, -el gobierno- pretender hacer sentir a la víctima culpable. Ya basta de que traten de desviar la atención de lo importante. ¿Hasta cuándo?

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